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El Río y las Gotas

Escucha atentamente, alma viajera, pues te contaré un misterio envuelto en la corriente del tiempo.

En un reino donde los vientos susurraban secretos a los árboles y la luna tejía reflejos de plata sobre las aguas, un río caudaloso recorría la tierra con majestad. En sus aguas danzaban incontables gotas, cada una creyendo ser única, indispensable para el curso del gran torrente.

“Sin mí, el río no sería el mismo”, pensaba una gota orgullosa de su brillo fugaz. “Soy especial, soy diferente”. Y así, cada gota proclamaba su individualidad, aferrándose a la creencia de que su existencia era el pilar del fluir del agua.

Pero el destino de todo río es llegar al océano, el vasto e insondable océano donde las fronteras se desvanecen y los nombres pierden su eco. Cuando el río se encontró con el mar, las gotas sintieron un estremecimiento. ¿Dónde estaba su individualidad? ¿Dónde su forma, su historia, su diferencia? En un instante, fueron absorbidas por la inmensidad, comprendiendo un secreto que siempre había estado ahí: nunca habían sido solas, nunca habían sido separadas. Siempre habían sido el río, siempre habían sido el océano.

Esta es la revelación que aguarda a todo buscador en el sendero del conocimiento: la individualidad es una sombra pasajera, una ilusión tejida por el velo del ego. Nos sentimos únicos, aislados, pero en verdad somos notas en la sinfonía de la existencia, hilos en el tapiz infinito del cosmos.

Cuando reconocemos nuestra unidad con el Todo, la arrogancia se disuelve como espuma en la orilla. No somos menos por formar parte del gran océano; al contrario, nos volvemos vastos como él. Ser una gota nos hace frágiles, pero ser el océano nos convierte en eternos.

Pregúntate, peregrino de lo oculto: ¿te aferras a tu individualidad como una gota temerosa de perderse en el mar? ¿O te rindes con humildad al flujo sagrado de la existencia, sabiendo que, al unirte al Todo, no desapareces, sino que te expandes?

La vida es un río y tú, una gota en su cauce. ¿Te resistes o fluyes? La elección es tuya.—Que la luz del entendimiento ilumine tu sendero, ahora y siempre.

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